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Turismo rural Alicante ¿PASIÓN Y MUERTE DEL TURISMO RURAL…O SELECCIÓN NATURAL DE ESPECIES

2012 puede ser un año devastador para el turismo rural y especialmente para el sector de los alojamientos, al menos desde la perspectiva de la rentabilidad de las empresas. Así se deduce de las cifras que el INE ha ido ofreciendo en los resultados de la Encuesta de Ocupación a lo largo de los últimos años y de las malas perspectivas con respecto a la demanda nacional para el presente ejercicio. Los índices de ocupación languidecen debido a la progresiva pérdida de pernoctaciones y a que la oferta crece incesantemente. Además, los grados de ocupación de los que se partía eran ya muy bajos, motivo por el que los establecimientos de turismo rural que están en una situación de inviabilidad económica cada vez son más.

Las expectativas generadas a lo largo de los años noventa se desvanecen victimas de un evidente exceso de euforia de la población local, del abuso de la política de la subvención por parte de las administraciones y de una tibia respuesta de los potenciales turistas. Las causas habrá que analizarlas con detenimiento y rigor para someter a un profundo proceso de reconversión a un sector todavía joven e inmaduro. Pero ¿quién está capacitado para liderar ese proceso? Las administraciones no obtienen rédito político suficiente como para prestar demasiada atención a un sector tan minoritario; los “micro-empresarios” lo son mayoritariamente a tiempo parcial por lo que difícilmente tomarán la iniciativa; la oferta está tan atomizada que es casi imposible que surja un grupo líder en el sector que se configure en ejemplo de referencia, las asociaciones no han sido capaces de aglutinar a un volumen de oferta suficiente como para manejar una maniobra tan compleja.

El vía crucis que los alojamientos rurales están viviendo seguramente no les llevará al colapso definitivo con su correspondiente defunción, sino que derivará (o debería derivar) en una dura selección de especies en la que los destinos bien posicionados sirvan de tabla de salvación a las empresas a ellos vinculadas, o en la que las empresas más profesionalizadas y competitivas puedan salir a flote, mientras que el resto zozobran irremediablemente.

Sin duda, el turismo rural -y los alojamientos rurales como buque insignia de ese producto- va a permanecer, son muchas las personas que han dedicado sus recursos a este negocio, y tengan mucha o poca actividad la mantendrán por sus bajos costes de explotación y porque en un territorio con tan escaso dinamismo económico como las áreas rurales, difícilmente podrán dedicar los inmuebles a otros usos. Pero, mientras esos alojamientos mantendrán una actividad marginal, los más preparados tendrán la oportunidad de ofrecer un producto que realmente se adecúe a las necesidades de la demanda y con un enfoque de mayor profesionalización.

Eso sí, la convivencia de los dos modelos seguirá impidiendo generar un negocio realmente competitivo si las empresas no son capaces de desarrollar modelos de gestión más innovadores y eficientes y, al mismo tiempo, si no tienen la habilidad de motivar suficientemente a la demanda para atraer a un turista que no acaba de confiar en el producto turístico rural más allá de fechas muy determinadas como Fin de Año o Semana Santa.

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